31.8.06

El lugar



Andamos perdidos, lo reconozco. Sueño, a veces, con alguien que se aleja, se va, se marcha, se esfuma. No sé quién es y tampoco me importa. Lejos de seguirle sólo pienso que debo haberme equivocado. ¿Podemos saberlo? ¿Intuirlo?

Cada lugar del que vengo se parece al que dejo atrás. No puedo decir más.

Mi Camarada lo explica a su manera, yo sólo le comprendo.

MACONDO EXISTES


Parapeto del equivocado,
trinchera donde andar confuso
sin considerarse esto un lujo
ni licencia del ingenuo.

Que macondo exista no determina,
para los que dormimos en él,
las circunstancias,
pero toda ciudad tiene esquinas,
y son abismos sus vueltas
de anonimos mundos por descubrir.

Aunque no te lo diga me suena tu cara
en lo que has dicho
te he reconocido paisano
no serà dificil que coincidamos
en una ilusión, un cafe o
un puño alzado.

Esto no equivale, no confundamos,
al estatus de provinciano,
que se nos ve venir de lejos, es cierto,
que tildamos cierto orgullo,
tambien lo es.
sucede en cada estación y en cada puerto
que en nuestro trajin perfilamos,
pero somos profugos y desterrados,
huidos del páramo, espacio oficial y
legitimo,
torno de hombres acríticos.

Para los que dormimos en él
no determina,
cicatriza y despeja
como el agua marina.



Camarada Maquinista.

15.8.06

Cuando hay que partir










Nada. No nos ha dado nada, ni siquiera el recuerdo de habernos acercado a la sociedad. Así es y fue para algunos estudiantes de cualquier Universidad de la area metropolitana de Barcelona.

Debería callarme y no decir lo que pienso por que no duden de mi criterio, para que no me acusen de poco sentido de la responsabilidad. Lo entiendo. Sé del cierto que el pésame del desastre o de la desilusión se lleva por dentro y a veces ya no se puede más, no se quiere poder más y hay que partir.

Gabriel García Márquez (en adelante sólo Gabriel) aceptó estudiar Derecho como bien quería su padre, aunque su único deseo era ser escritor, quizás, desde los cuatro años. La Universidad, os juro, no le abrió la puerta a nada. Ni siquiera su país, ni su literatura loca, en un principio. Debió sufrir y sufrió. ¿Acaso es el único?

Aún así, a muchos, el desamparo, o quizás el destierro, nos empujó al refugio literario. A creer en palabras superpuestas y mal sonantes. A ser más independientes al dolor sangrante o a cosernos con la gente que nos arropaba. Sólo y para la supervivencia, supimos que los poetas escribían de nuestras vidas porqué nos conocían...

...desde siempre:

Como contrapartida
al te quiero largo compartido
nos abordan
la tormenta, la noche y la despedida
herramientas necesarias también del arriero,
engranaje o contrafuerte de la plenitud.
Y lo único que lamento
es dudar de mi acierto en la conciliación
del ideal y posicionamiento
con la procura material
de mi sustento.

Camarada Maquinista.


Espero que el Camarada Maquinista escriba más poesías para este blog. Como otros poetas más, escondidos o enfadados o silenciados. O simplemente, alocados.